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80% de los pacientes con dolor crónico no oncológico verá afectada su salud mental

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Las enfermedades mentales empeoran la calidad de vida, incrementan el riesgo de malestares físicos y significan un alto costo económico y social tanto para las personas como para el país. Sumado a lo anterior, quienes se ven mayormente afectados por un trastorno mental son aquellas personas que padecen de dolor crónico no oncológico, enfermedad compleja que afecta más allá del ámbito físico, porque los pacientes pueden desarrollar trastornos como ansiedad generalizada, estrés post traumático y, principalmente, depresión.4

En el libro Propuestas para Chile 2017, de Manuel Espinoza, académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se indica que más del 80% de los pacientes afectados por un dolor crónico no oncológico verá afectada su salud mental.

Con relación al impacto que generan tanto el dolor crónico como los trastornos mentales, Alejandra Rodríguez, miembro del directorio de la Asociación Chilena para el Estudio del Dolor y Cuidados Paliativos (ACHED), directora del Centro del Dolor en Chile y doctorada en psicología, menciona que principalmente quienes padecen de esta patología sumada a una afección a la salud mental, verán inmediatamente afectada su productividad laboral, generando ausentismo en su trabajo e incluso desempleo. También se presenta un estado emocional más irascible y se genera un aislamiento social. Para estos casos, es muy importante la red de apoyo con que cuenta cada persona, el rol del cuidador será fundamental para sacar adelante al paciente.

Al respecto, la especialista añadió que el padecer de dolor crónico genera una discapacidad, ya que la intensidad de molestia no permite realizar la vida diaria como se estaba llevando habitualmente, provocando un efecto de bola de nieve que merma todos los aspectos de las personas. Por ello, es importante identificar síntomas e informarlos al médico, como cambios de humor repentino, aumento significativo de la agitación, sensación de palpitaciones o angustia sin motivo aparente, o pérdida de placer en actividades diarias (trabajo, relaciones, etc.), entre otros.

Cabe destacar que casi un 40% de los pacientes que reportaron dolor crónico se encuentran en edades de máxima producción laboral (30-49 años)7. Adicionalmente, se debe considerar que el informe Felicidad Mundial 2022 de Ipsos, indica que solo el 53% de los chilenos declaró ser una persona feliz o algo feliz, por debajo del promedio mundial del 67% y entre los cuatro países con el porcentaje más bajo en este ámbito8. En una entrevista para CNN Chile, la ministra de Salud, Begoña Yarza señaló que somos el segundo país en cifras de personas que declaran tener problemas de salud mental, en el mundo. Esto se expandió.

De acuerdo con el Dr. Marco Narváez, presidente de la Federación Latinoamericana de Asociaciones para el Estudio del Dolor (FEDELAT), esto se debe a que los problemas psicoemocionales se encuentran íntimamente relacionados con el dolor crónico ya que ambos agravan sus respectivos cuadros. De hecho, los pacientes con dolor crónico poseen un riesgo tres veces mayor de desarrollar depresión que las personas que no sufren de dolor1, y más del 60% de pacientes a nivel latinoamericano padecen de ambas enfermedades en paralelo.

Por ello, el Dr. Narvaez y especialistas de Fedelat señalan que es importante detectar tempranamente el trastorno, ya que interfiere en una correcta adherencia al tratamiento10, provocando el abandono del mismo y la recaída en el dolor. Por ello, concuerdan en que es necesario que el abordaje del dolor crónico sea multidisciplinario y estiman el acompañamiento psicológico como indispensable, especialmente en Latinoamérica.

Eso es precisamente lo que ocurre en las Unidades de Dolor, centros especializados donde el equipo asistencial está formado por profesionales de la salud de diferentes especialidades, dedicados específicamente al tratamiento del dolor y que en Chile están en clínicas y hospitales12. Estas unidades cuentan con profesionales como fisiatras, kinesiólogos y psicólogos para un acompañamiento integral para los pacientes con dolor.

Sobre el dolor crónico

De acuerdo con estimaciones de la Federación Latinoamericana para el Estudio del Dolor (FEDELAT), entre el 27% y el 42% de la población de América Latina padece de dolor crónico (cifra mayor a la de la incidencia global13), lo que representa alrededor de 190 millones de personas.

En Chile, la prevalencia de dolor lumbar crónico alcanza un 6,2%. De ese universo, un 48,2% presenta dolor severo y un 44,4%, moderado15. Debido a su intensidad, puede producir incapacidad en quienes lo padecen ya que genera limitaciones para caminar, interactuar socialmente, hacer deportes e incluso dormir.

Estudios señalan que los pacientes pueden demorar hasta cinco años o más en encontrar un tratamiento adecuado, debido al desconocimiento y falta de especialistas, y en muchos casos recurren a prácticas riesgosas como la automedicación. Para evitar esto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizó la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) en 2019, incorporando conceptos que permiten clasificar de mejor manera las patologías que cursan con dolor crónico e identifica algunos tipos de dolor crónico como una enfermedad en sí misma, como ocurre precisamente con el dolor lumbar. Conoce más en www.aliviareldolor.cl, un portal para pacientes y para quienes quieran conocer más sobre el dolor crónico. En la web está disponible para descargar gratuitamente la Guía para pacientes: manejo del dolor crónico, lanzada en 2020 por la Asociación Chilena para el Estudio del Dolor y Cuidados Paliativos (Ached-CP) en conjunto con Grünenthal, que aborda la salud mental en uno de sus capítulos.

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