El aceite de menta se ha vuelto popular por sus posibles beneficios para la salud. Sin embargo, la evidencia científica sobre su efecto en la presión arterial todavía es insuficiente. Macarena Ruiz, académica de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello sede Concepción, advierte que no es posible recomendarlo como reemplazo del tratamiento habitual de la hipertensión.
Ruiz explica que el interés por productos naturales para prevenir o tratar enfermedades crece. Pero que un producto sea de origen natural no garantiza que sea seguro ni que su eficacia esté demostrada científicamente.
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El aceite de menta se obtiene de la planta Mentha piperita. En Chile también se le conoce como menta negra, bergamota de Chile o toronjil de menta. Contiene mentol y mentona, compuestos activos responsables de su aroma y de varias de sus propiedades medicinales. Tradicionalmente se usa para aliviar molestias digestivas, cólicos intestinales y algunos tipos de dolor de cabeza. No todos esos usos tienen el mismo nivel de evidencia científica.
Evidencia limitada sobre la presión arterial
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Respecto de su relación con la presión arterial Ruiz señala que existe evidencia que sugiere que el aceite de menta podría contribuir a reducirla. No obstante, los resultados disponibles no son concluyentes. La evidencia sigue siendo limitada por el tamaño de las muestras, la corta duración de los estudios y las diferencias en las formas de administración. Por ello todavía no es posible recomendar el aceite de menta como reemplazo del tratamiento habitual de la hipertensión arterial.
La profesional agrega que el mentol podría favorecer la dilatación de los vasos sanguíneos. Eso facilitaría la circulación y contribuiría a reducir la presión arterial al disminuir la resistencia al flujo sanguíneo. Sin embargo, este mecanismo todavía se encuentra en investigación.
Precauciones y riesgos
El uso de aceite de menta no está exento de riesgos. Puede provocar acidez, reflujo, náuseas, irritación y reacciones alérgicas. Además, consumir aceite esencial puro y concentrado de manera inadecuada puede producir intoxicaciones.
Ruiz recomienda especial precaución en personas con reflujo gastroesofágico, enfermedades de las vías biliares, alergias a sus componentes, durante el embarazo y la lactancia, así como en pacientes que utilizan múltiples medicamentos. Lo fundamental es evitar la automedicación y recordar que natural no siempre significa seguro, indica.
También advierte sobre posibles interacciones con tratamientos farmacológicos. Es posible que aumente el efecto de algunos antihipertensivos y que reduzca la presión arterial a niveles de riesgo. Aunque esa interacción todavía no está demostrada. Por eso siempre es importante consultar antes de combinar productos naturales con medicamentos de uso habitual.
La académica recalca que no es seguro ingerir aceite esencial de menta sin supervisión. Los aceites esenciales son productos muy concentrados y no todos están preparados para consumo oral. Además, una infusión de menta no es lo mismo que ingerir su aceite esencial.
Aunque reconoce el creciente interés por las alternativas naturales Ruiz enfatiza que las decisiones relacionadas con la salud deben basarse en evidencia científica y orientación profesional. Para controlar la presión arterial lo que realmente ha demostrado beneficios es mantener una alimentación saludable, reducir el consumo de sal, realizar actividad física y seguir los tratamientos farmacológicos indicados, sostiene.










