La rehabilitación de personas con discapacidad en Chile atraviesa un cambio de enfoque: desde un modelo centrado en las limitaciones individuales hacia uno que prioriza la autonomía, la inclusión y la participación social. Teletón ha sido parte de ese proceso durante décadas y hoy diversifica sus intervenciones con programas educativos, laborales, deportivos y comunitarios, además de las prestaciones clínicas.
Según su Memoria Anual 2025, la institución atendió a 31.806 personas y realizó más de 962 mil atenciones gratuitas. La cifra muestra la magnitud de su labor, pero también invita a observar cómo cambió la manera de entender la discapacidad y el papel de la sociedad en el reconocimiento de derechos.
De la recuperación funcional a la participación social
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Durante años, la rehabilitación se asoció principalmente con el desarrollo de capacidades físicas o funcionales. El enfoque actual incorpora terapias artísticas, deporte adaptado, accesibilidad y participación comunitaria. La académica de la Escuela de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello, Daniela Estobar Alvarado, sostiene que la rehabilitación debe permitir que las personas participen en actividades significativas, tomen decisiones y construyan sus propios proyectos de vida.
Ese cambio resulta relevante porque no basta con adquirir habilidades si los espacios educativos, laborales, culturales y comunitarios mantienen barreras para ejercerlas. La inclusión, por tanto, no depende solo de los procesos de rehabilitación ni del esfuerzo individual.
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Una realidad que exige respuestas integrales
El III Estudio Nacional de la Discapacidad indica que el 17% de la población de dos años y más presenta alguna discapacidad, equivalente a más de 3,2 millones de personas en Chile. Esa realidad exige comprender la diversidad de experiencias y necesidades, incluidas las de personas con condiciones del neurodesarrollo, y fortalecer respuestas que reconozcan sus particularidades sin reducirlas a un diagnóstico.
El desafío también involucra las actitudes sociales. Superar miradas asistencialistas implica reconocer que las personas con discapacidad son ciudadanos con los mismos derechos y responsabilidades que cualquier otra persona. Participar en la sociedad no es un beneficio concedido, sino un derecho que debe garantizarse.
La inclusión requiere transformar las condiciones de los espacios educativos, laborales, culturales y comunitarios para que todas las personas puedan formar parte de ellos. El avance no se mide únicamente por las atenciones realizadas o las habilidades desarrolladas, sino por las oportunidades reales de estudiar, trabajar, disfrutar del tiempo libre, decidir y participar en comunidad.










