Los aluviones, las tormentas, los incendios y los tornados suelen recordarse por los daños materiales que dejan a su paso. Sin embargo, cada emergencia climática también deja una huella menos visible: el efecto de la incertidumbre sobre la salud mental de las personas.
Solo durante octubre, Chile enfrentó varios eventos extremos. Entre ellos destacaron granizadas, un aluvión, inundaciones en Santiago, una intensa tormenta con granizo en Talca y un tornado que afectó a la comuna de Requínoa. Cada situación responde a circunstancias particulares, pero todas comparten un mismo mensaje: fenómenos que antes parecían lejanos pueden ocurrir muy cerca.
La exposición constante a noticias sobre eventos climáticos extremos alimenta la preocupación por el presente y por el futuro. Preguntas como "¿estará segura mi familia?" o "¿qué calidad de vida tendrán las próximas generaciones?" se vuelven cada vez más frecuentes. En algunas personas, esa inquietud se traduce en dificultades para dormir, problemas de concentración, irritabilidad o sentimientos de tristeza e impotencia.
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Ese malestar no implica necesariamente un trastorno mental. Preocuparse frente a amenazas reales puede considerarse una respuesta humana comprensible, según el análisis del texto original.
Lo que dice la evidencia científica
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La Organización Mundial de la Salud ha advertido que el cambio climático agrava distintos factores sociales, ambientales y económicos que inciden en el bienestar psicológico. A esa advertencia se suma una revisión internacional que analizó 35 estudios con más de 45.000 participantes y encontró asociaciones entre la ansiedad climática y mayores niveles de estrés, ansiedad y síntomas depresivos.
Estas asociaciones no permiten establecer una relación causal directa, pero sí demuestran que el fenómeno merece atención.
Escuchar y acompañar
El desafío no pasa por patologizar cada temor, sino por reconocerlo y abordarlo de forma adecuada. Escuchar, validar las emociones y abrir espacios de conversación puede resultar tan importante como preparar a las comunidades para futuras emergencias.
Cuando la preocupación se vuelve persistente y empieza a afectar el descanso, las relaciones o las actividades cotidianas, buscar apoyo profesional puede ser una medida necesaria.
Cuidar la salud mental también implica fortalecer las condiciones sociales y comunitarias que permitan enfrentar la incertidumbre con mayor seguridad, información y esperanza. Se trata de una tarea colectiva, tan relevante como prepararse para los efectos físicos del cambio climático.










