La sucesión de lluvias extremas, aluviones e inundaciones en Chile ha intensificado una preocupación que afecta sobre todo a los jóvenes: la ansiedad climática o ecoansiedad. El psicólogo Joaquín Brieba, académico de la Escuela de Medicina de la Universidad Andrés Bello, aclara que no se trata de una exageración ni, en la mayoría de los casos, de un trastorno mental. También explica cómo reconocerla y manejarla.
Un aluvión en la quebrada Honda, en Las Condes, calles anegadas en distintas regiones, tormentas eléctricas y granizos marcaron octubre en la zona central. A ello se suma un nuevo sistema frontal con río atmosférico que, según la Dirección Meteorológica de Chile, dejará precipitaciones entre Coquimbo y Los Lagos. Para muchas personas, cada aviso meteorológico reactiva una sensación de alerta difícil de apagar.
Una angustia con base real
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Estamos hablando de una amenaza que es real, que tiene documentación científica y un consenso colectivo
el especialista
Por eso, en la mayoría de los casos se trata de una respuesta emocional comprensible y no de un cuadro patológico. La angustia puede agravarse al constatar que no existe una respuesta global articulada frente al problema.
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Los jóvenes, el grupo más expuesto
Los jóvenes concentran la mayor atención de los estudios. Una encuesta publicada en The Lancet Planetary Health en 2021 consultó a 10.000 personas de entre 16 y 25 años en diez países. Los resultados mostraron que cerca del 60% estaba muy o extremadamente preocupado por el cambio climático y que más de cuatro de cada diez dijo que esos sentimientos afectaban su vida diaria.
Quienes han vivido un desastre de cerca también se ven más afectados. Brieba menciona los incendios de Valparaíso, Viña del Mar y el Biobío, además de las comunidades golpeadas por la megasequía o las inundaciones, donde la ansiedad climática puede mezclarse con estrés postraumático. Otros grupos vulnerables son agricultores, pescadores, comunidades rurales e indígenas, y personas con trastornos ansiosos o del ánimo previos. Según el psicólogo, esta ansiedad ya puede influir en decisiones vitales como tener hijos, qué carrera estudiar o dónde vivir.
Redes sociales y doomscrolling
Las redes sociales y las noticias privilegian el contenido que genera impacto emocional
Brieba
Para el académico, el problema no es informarse, sino cómo se entrega la información y qué se hace con ella. Los mensajes apocalípticos que no ofrecen ninguna vía de acción generan desesperanza y parálisis. "Lo recomendable es acceder a información equilibrada, que reconozca la gravedad del problema, pero también muestre qué puede hacer cada persona y qué deben hacer las instituciones", sostiene.
Cómo manejar la ansiedad climática
A nivel individual, el primer paso es validar la emoción. Preocuparse por el clima es razonable y no un signo de debilidad ni de problemas mentales. Luego, Brieba recomienda elegir fuentes confiables, definir uno o dos momentos del día para informarse y evitar hacerlo antes de dormir, una pauta útil en jornadas de alerta meteorológica.
"Las acciones concretas, por pequeñas que sean, son uno de los mejores antídotos contra la impotencia, junto con dormir bien, hacer actividad física, tener contacto con la naturaleza y practicar respiración o mindfulness", recalca.
En la familia, con niños pequeños sugiere mensajes simples, tranquilizadores y verdaderos. También recomienda evitar imágenes catastróficas. Con adolescentes, escuchar más que corregir. "Los adultos también modelan. Si los hijos ven a sus padres preocupados pero activos, aprenden que es posible hacer algo", plantea.
A nivel comunitario, la ansiedad disminuye cuando deja de vivirse en soledad. Brieba destaca los espacios de conversación en colegios y organizaciones, además del voluntariado ambiental. "En comunidades afectadas por desastres, la prioridad es el apoyo psicológico inicial y la reconstrucción de las redes de apoyo", agrega.










